TENIS TORNEO DE RÍO
Nadal deja huella
Antes de enfrentarse al italiano Fabio Fognini en semifinales del torneo de Rio, Rafael Nadal tuvo que remontar 4-6, 7-5 y 6-0 al uruguayo Pablo Cuevas en cuartos. El pulso comenzó pasada la 01.00 del sábado, terminó al borde de las 03.30 y por unos pocos minutos no se convirtió en el final más tardío de la historia del tenis profesional. Cuando levantó los brazos, el número tres mundial criticó el horario de encuentro (se podría haber empezado a competir antes si la organización hubiera cambiado el orden de juego) y celebró un triunfo que tiene valor matemático (defiende puntos del ránking), moral (Cuevas, el número 23 mundial, venía lanzado tras conquistar la semana pasada el título en Sao Paulo), y estadístico: con la victoria, el campeón de 14 grandes entró en el top-10 de los tenistas que han sumado más victorias en toda su carrera (713).
Es una victoria muy importante para mí, estar en semifinales es un gran resultado; puntos, confianza..., valoró el español, tan tensionado por las dificultades del duelo y lo extraño del horario que llegó a competir un juego con el pantalón al revés, y luego se vio obligado a cambiarse en mitad de la cancha porque el juez de silla no le dejó volver al vestuario.
A los 28 años, a Nadal le empieza a ocurrir como al suizo Roger Federer. Cada partido que compite le ve firmar una marca de récord y cada torneo es una ocasión para la efeméride. Su ingreso en el exclusivo grupo de tenistas con más victorias de la historia subraya su carácter de tenista multipista, porque en el siglo XXI es imposible conseguir esos registros siendo simplemente un especialista en arcilla, y sin ser competitivo sobre cemento y hierba. El dato, además, pone negro sobre blanco su impresionante capacidad competitiva, que resalta incluso entre tan prestigiosa compañía.
El español se alinea ya con Jimmy Jimbo Connors, Roger Federer o Pete Sampras, que por títulos, carácter y talento son algunos de los mejores tenistas de la historia. Sin embargo, ninguno de ellos puede presumir de un porcentaje de triunfos tan bueno como el del campeón de 14 grandes, que asaltará Roland Garros con el objetivo de lograr su decimoquinto trofeo del Grand Slam y desempatar así con el pistolero estadounidense para convertirse en el segundo tenista con más títulos de la máxima categoría (Federer tiene 17). Nadal, que ya era profesional cuando aún no le crecía la barba, gana el 83% de sus duelos. Connors y Lendl se llevaron el 82%. El suizo, un tenista como no habrá otro, se queda en el 81%. En ese sentido, nadie ha ganado nunca con tanta frecuencia como el actual número tres mundial, que llegó a vencer 81 partidos consecutivos sobre tierra.
Así, mientras Nadal daba un nuevo paso en la historia, David Ferrer también accedía a las semifinales del torneo de Río (contra el austriaco Andreas Haider-Maurer) y entraba en el top-20 histórico de victorias (613, tantas como el serbio Novak Djokovic). La coincidencia de esas dos marcas es tan sorprendente como la de que estos dos animales competitivos compartan bandera. Única, fascinante e irrepetible. En Rio se disputan partidos que dejan su huella en la historia.
Nadal deja huella
Antes de enfrentarse al italiano Fabio Fognini en semifinales del torneo de Rio, Rafael Nadal tuvo que remontar 4-6, 7-5 y 6-0 al uruguayo Pablo Cuevas en cuartos. El pulso comenzó pasada la 01.00 del sábado, terminó al borde de las 03.30 y por unos pocos minutos no se convirtió en el final más tardío de la historia del tenis profesional. Cuando levantó los brazos, el número tres mundial criticó el horario de encuentro (se podría haber empezado a competir antes si la organización hubiera cambiado el orden de juego) y celebró un triunfo que tiene valor matemático (defiende puntos del ránking), moral (Cuevas, el número 23 mundial, venía lanzado tras conquistar la semana pasada el título en Sao Paulo), y estadístico: con la victoria, el campeón de 14 grandes entró en el top-10 de los tenistas que han sumado más victorias en toda su carrera (713).
Es una victoria muy importante para mí, estar en semifinales es un gran resultado; puntos, confianza..., valoró el español, tan tensionado por las dificultades del duelo y lo extraño del horario que llegó a competir un juego con el pantalón al revés, y luego se vio obligado a cambiarse en mitad de la cancha porque el juez de silla no le dejó volver al vestuario.
A los 28 años, a Nadal le empieza a ocurrir como al suizo Roger Federer. Cada partido que compite le ve firmar una marca de récord y cada torneo es una ocasión para la efeméride. Su ingreso en el exclusivo grupo de tenistas con más victorias de la historia subraya su carácter de tenista multipista, porque en el siglo XXI es imposible conseguir esos registros siendo simplemente un especialista en arcilla, y sin ser competitivo sobre cemento y hierba. El dato, además, pone negro sobre blanco su impresionante capacidad competitiva, que resalta incluso entre tan prestigiosa compañía.
El español se alinea ya con Jimmy Jimbo Connors, Roger Federer o Pete Sampras, que por títulos, carácter y talento son algunos de los mejores tenistas de la historia. Sin embargo, ninguno de ellos puede presumir de un porcentaje de triunfos tan bueno como el del campeón de 14 grandes, que asaltará Roland Garros con el objetivo de lograr su decimoquinto trofeo del Grand Slam y desempatar así con el pistolero estadounidense para convertirse en el segundo tenista con más títulos de la máxima categoría (Federer tiene 17). Nadal, que ya era profesional cuando aún no le crecía la barba, gana el 83% de sus duelos. Connors y Lendl se llevaron el 82%. El suizo, un tenista como no habrá otro, se queda en el 81%. En ese sentido, nadie ha ganado nunca con tanta frecuencia como el actual número tres mundial, que llegó a vencer 81 partidos consecutivos sobre tierra.
Así, mientras Nadal daba un nuevo paso en la historia, David Ferrer también accedía a las semifinales del torneo de Río (contra el austriaco Andreas Haider-Maurer) y entraba en el top-20 histórico de victorias (613, tantas como el serbio Novak Djokovic). La coincidencia de esas dos marcas es tan sorprendente como la de que estos dos animales competitivos compartan bandera. Única, fascinante e irrepetible. En Rio se disputan partidos que dejan su huella en la historia.
Nadal deja huella
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